viernes, 26 de julio de 2019

ESTRÉS VACACIONAL: APRENDE A DESCONECTAR

El día al fin ha llegado. Lo has estado esperando durante todo el año. Comienzas tus ansiadas vacaciones y… sorpresa: cansancio, insomnio, desánimo, dolor de cabeza, falta de apetito y hasta de deseo sexual. ¡Uf! Pero, ¿cómo es posible? Pues puede resultarte curioso, pero quizás estés sufriendo algunos de los numerosos síntomas de la conocida como depresión de la tumbona, un término acuñado a principios del siglo actual por doctores de la clínica psiquiátrica austriaca Wagner-Jauregg.

Y es que todos conocemos las consecuencias de un elevado nivel de estrés laboral (irritabilidad, desmotivación, bajo rendimiento…), pero posiblemente no sepamos tanto sobre las derivadas de una pésima desconexión del trabajo durante el periodo en el que lo que cabría esperar sería, justamente, todo lo contrario. Es el también conocido como estrés vacacional y tiene su explicación.

Por lo general, trabajando a nuestro ritmo habitual, las dos hormonas más relacionadas con el estrés –cortisol y adrenalina– presentan unos niveles elevados, acordes a nuestra actividad. Necesitamos energía, activación, y ambas hormonas son parte del mecanismo natural que nos las proporciona.

Sin embargo, cuando desconectamos del desempeño laboral, estos niveles hormonales disminuyen, a veces drásticamente, y puede producirse un desequilibrio, un shock que nos genere insatisfacción y otros problemas, incluso de salud, porque nuestro sistema inmunológico se deprime, lo que favorece que podamos llegar a enfermar. El acelerón final que en ocasiones realizamos antes del inicio de las vacaciones para dejar zanjados algunos asuntos laborales puede acrecentar el desequilibrio.

LOS MÁS AUTOEXIGENTES, TAMBIÉN LOS MÁS PROCLIVES
El estrés vacacional, como el laboral, no afecta a todos por igual. Son aquellas personas que se exigen más a sí mismos y que presentan signos de adicción al trabajo (los conocidos como workaholic) los más expuestos a padecerlo, dado que a menudo, al iniciar su temporada de asueto, se encuentran con que no saben qué hacer, disponen de demasiado tiempo libre, no existen hábitos de trabajo que cumplir…

De hecho, este tipo de trabajadores a veces prefieren renunciar a sus vacaciones porque su nivel de estrés es incluso superior y más angustioso que su estrés laboral habitual. Además, suele tratarse de personas que se creen imprescindibles, lo cual incrementa esa posibilidad de renuncia al descanso (o al menos a vacaciones prolongadas) por temor a pérdidas irreparables si dejan hacer a los demás en su ausencia.

LA DESCONEXIÓN NO ES TOTAL
En otros casos, sin embargo, los problemas de estrés en periodo vacacional no están generados tanto por el impacto propio de un parón brusco del intenso trabajo cotidiano, sino más bien por la imposibilidad de una desconexión total del mismo.

Según el informe InfoJobs-ESADE, más de la mitad de los trabajadores españoles responde a correos electrónicos y a llamadas de trabajo durante sus vacaciones. Además, la facilidad de la que en la actualidad disponemos para acceder a información a través de las nuevas tecnologías y nuestra ansiedad por estar continuamente conectados (el conocido como tecnoestrés) no ayudan a la desconexión.

Según el mismo informe, los trabajadores con cargo de empleado se conectan durante las vacaciones a la oficina en el 45 % de los casos; los mandos intermedios lo hacen en el 68 %, y los cargos directivos, en el 84 %.

Se trata de una mala práctica, porque quienes más rinden después son, precisamente, los trabajadores que más descansan y desconectan durante esos días de vacaciones. Así lo perciben muchas organizaciones que saben del beneficio que el adecuado descanso tiene en sus empleados y, con ello, en su propia productividad empresarial, por lo que incorporan medidas para garantizar la desconexión, como bloquear su acceso al correo electrónico.

CONSEJOS PARA DESCONECTAR
Algunas de las sencillas (para unos; para otros, no tanto) recomendaciones que podemos seguir para desconectar y evitar el estrés vacacional son:

 1. Valora, según tu capacidad de adaptación, desconectar poco a poco. Pasar de 100 a 0, de la tensión laboral a la calma vacacional, puede no ser ni fácil ni aconsejable.

2. Evita responder a comunicaciones relativas al trabajo (correos, llamadas, whatsapps…) o, al menos, fija un día y horario concreto para hacerlo. El resto del tiempo, para ti.

3. Descansa. Retrasa tu horario habitual de despertar e, incluso, si te apetece, échate una pequeña siesta. Saborea la tranquilidad.

4. Haz ejercicio regularmente.

5. Disfruta de tu familia, de tus amigos, de tus aficiones, de uno o más viajes… en definitiva, de todo aquello que durante el resto del año te resulta complicado realizar por el trabajo.

Así que, ya sabes, si ya estás o vas a comenzar pronto tus vacaciones, DESCONECTA, que todo no puede ser trabajar.



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jueves, 4 de julio de 2019

«BURNOUT»: ESTOY QUEMADO EN EL TRABAJO


Agotamiento, insomnio, ansiedad, desánimo, abuso de alcohol, actitudes negativas, sarcásticas, cínicas y poco colaboradoras, conflictos interpersonales en el ámbito laboral y familiar...

Algunos estudios estiman que un 15% de los trabajadores podrían padecerlo, unos porcentajes que ascienden hasta el 20% en el caso de los agentes de policía e incluso a un 40% para los profesionales de la sanidad.

Es el «Burnout» o síndrome de estar quemado en el trabajo, un fenómeno del ámbito laboral que, a pesar de haber sido citado por primera vez en la década de los años 70, acaba ser reconocido por la OMS como una enfermedad profesional.

1974. NUEVA YORK. UNA CLÍNICA DE DESINTOXICACIÓN…
Fue Herbert Freudenberger, un psiquiatra de una clínica de desintoxicación de New York, el que en 1974 utilizó el término «burnout» para hacer referencia al estado físico y mental que apreció en jóvenes voluntarios que trabajaban en la clínica y que presentaban agotamiento, irritabilidad y cinismo hacia sus pacientes, lo cual les llevaba a intentar evitarlos.

Poco después, en 1976, era la psicóloga norteamericana Christina Maslach la que, en relación a hechos similares, definía con el término «burnout» el síndrome que apreció entre algunos de sus compañeros: un proceso progresivo de desgaste profesional, despersonalización y baja realización personal que podía tener lugar en profesionales con frecuentes contactos con otras personas.

La propia Maslach y otra psicóloga, igualmente estadounidense, Susan E. Jackson, fueron las que definitivamente, en el año 1981, definieron el «burnout» como un síndrome tridimensional cuyos síntomas más destacados eran:

·  Cansancio emocional: pérdida de energía progresiva, agotamiento, fatiga... como consecuencia de la interacción entre el profesional y el público. El trabajador siente que ya no puede dar más de sí mismo a nivel afectivo.

·     Falta de realización personal en su trabajo: respuestas negativas hacia sí mismo y su trabajo, evaluando pésimamente su capacidad como profesional.

·  Despersonalización: actitudes negativas y respuestas cínicas y frías hacia los ciudadanos, es decir, deshumanización en el trato.

PROPIO DE PROFESIONES EN CONTACTO CON LOS DEMÁS
Actualmente se considera que el «burnout» es una respuesta afectiva crónica a las condiciones estresantes del trabajo de determinados profesionales con altos niveles de contacto personal. Profesores, educadores, enfermeros, médicos y policías son a menudo víctimas del síndrome. Suele tratarse de profesionales vocacionales que ejercen con un importante grado de entrega e implicación personal.

Pero, además, en la empresa privada también puede aparecer el síndrome, especialmente en aquellos trabajadores en relación interpersonal directa y continuada con el cliente.

Existen estudios que señalan que el síndrome afecta en mayor medida a los denominados «workoholics» o adictos al trabajo, personas con un alto sentido de responsabilidad, perfeccionistas y que no delegan tareas ni trabajan en equipo, consagrando su vida casi en exclusiva al entorno laboral.

EL ESTRÉS CRÓNICO COMO ORIGEN
El origen del «Burnout» podría estar en la respuesta al estrés laboral crónico cuando las estrategias de afrontamiento son ineficaces, de forma que las demandas del trabajo, principalmente emocionales, superan la capacidad y tolerancia del trabajador.
El proceso de aparición y evolución del síndrome no es complejo: el profesional sufre elevados niveles de estrés como consecuencia de su trabajo, y si no es capaz de movilizar los recursos necesarios para reducirlo, éste se cronifica. De este modo, pierde habilidades y deseos para dar una respuesta emocional adecuada a situaciones conflictivas, comenzando a tratar a las personas con indiferencia y frialdad. El trabajador tiene que hacer frente a un problema tras otro, dando lugar a que los ciudadanos sean vistos como simples objetos en los que lo único que cambia es su identidad.

ALGUNAS MEDIDAS PARA PREVENIRLO
El síndrome de estar quemado en el trabajo puede prevenirse. Dado que su origen está en unas condiciones laborales estresantes, es por ahí por donde, precisamente, se debe comenzar, por mejorar la organización del trabajo y proveer al trabajador de las herramientas necesarias para que pueda realizar sus tareas de la forma más adecuada. Una carga de trabajo proporcionada a las capacidades de cada cual es, sin duda, una de las medidas «estrella» en tal sentido.

Mejorar nuestras habilidades, tanto las profesionales como las sociales, o reciclarnos periódicamente, son medidas que, a nivel individual, también contribuirán a la prevención del síndrome.

Desconectar del trabajo, poniendo límites y ajustando nuestras expectativas laborales, hacer ejercicio regularmente y pedir ayuda a otras personas o, incluso, a profesionales de la salud si es necesario, son también medidas que para no llegar a «quemarse en el trabajo».

Y tú, ¿crees estar quemándote? Toma medidas.


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