viernes, 26 de junio de 2026

LA MÚSICA ENTRA EN LA UCI: ¿PUEDE UNA MELODÍA VENCER AL CORTISOL?

 

Imagina el lugar más hostil en el que un ser humano puede despertar. No hay ventanas. Las alarmas suenan sin descanso. La luz artificial no distingue entre el día y la noche. No puedes hablar, ni moverte con libertad. Una máquina respira por ti.

Eso es una Unidad de Cuidados Intensivos, la UCI, para quienes requieren ventilación mecánica invasiva.

Y en ese escenario extremo, un equipo de investigadoras de la Universidad de Oviedo ha planteado una pregunta tan sencilla como poderosa: ¿puede la música reducir el estrés de estos pacientes?

EL CORTISOL, ESE MENSAJERO INCÓMODO

Cuando el cuerpo percibe una amenaza —real o imaginada, física o psicológica— dispara una cascada hormonal cuyo protagonista es el cortisol. Esta hormona del estrés, segregada por las glándulas suprarrenales, pone al organismo en estado de alerta: aumenta la glucosa en sangre, acelera el corazón, suprime funciones que en ese momento el cuerpo considera «prescindibles», como la inmunidad o la digestión.

En condiciones normales, el cortisol cumple una función adaptativa. El problema llega cuando su nivel se mantiene elevado de forma sostenida, como ocurre en un paciente crítico sometido a ventilación mecánica durante días o semanas. Entonces se convierte en un enemigo interior que deteriora aún más un organismo ya seriamente comprometido.

De ahí el interés de los investigadores por encontrar formas no farmacológicas de modularlo. Y de ahí que la música haya llamado a la puerta de la UCI.

ESTUDIOS, PACIENTES Y UNA PREGUNTA SIN RESPUESTA

El trabajo, publicado en la revista Nursing in Critical Care y enmarcado en la tesis doctoral de Carmen Fernández Álvarez —del área de Enfermería de la Universidad de Oviedo—, no consistió en intervenir directamente sobre nuevos pacientes, sino en revisar exhaustivamente la literatura científica existente.

Tras aplicar criterios rigurosos de selección, el equipo identificó cinco ensayos clínicos aleatorizados que medían el efecto de la música en el cortisol sérico —el presente en sangre, más fiable que el urinario— de pacientes adultos con ventilación mecánica invasiva. En total, 208 personas participaron en esos estudios.

El resultado: tres de los cinco ensayos sí encontraron reducciones significativas de cortisol tras la intervención musical. Los otros dos no hallaron diferencias relevantes entre quienes escucharon música y quienes no.

UNA PROMESA, PERO NO UNA CERTEZA

El problema de comparar peras con manzanas —o Mozart con heavy metal.

La principal dificultad que encontraron las investigadoras fue la enorme variabilidad entre los estudios: distintos tipos de música, distintas duraciones de sesión, distintos niveles de sedación en los pacientes... E incluso las muestras de cortisol no siempre se tomaban a la misma hora del día, algo crucial teniendo en cuenta que esta hormona sigue un ritmo circadiano —sus niveles naturales oscilan a lo largo del día como las mareas.

En palabras de Alba Maestro González, profesora del área de Enfermería de la institución asturiana: «La música puede ser una herramienta útil para humanizar la atención en las UCI, pero en este momento la evidencia científica no permite respaldar su uso sistemático con el objetivo de reducir el estrés fisiológico».

Dicho de otra manera: la idea es buena, el potencial existe, pero la ciencia aún necesita estudios más amplios, más homogéneos y mejor diseñados para poder convertir esa promesa en una recomendación clínica sólida.

UNA PUERTA ABIERTA

Lo más valioso de este trabajo no es lo que concluye, sino la dirección que señala. En un entorno tan medicalizado como la UCI, donde cada intervención pasa por un filtro farmacológico y tecnológico, la música representa algo diferente: una intervención de bajo riesgo, accesible, de bajo coste y profundamente humana.

No necesita prescripción. No tiene efectos secundarios. Y, en el mejor de los casos, puede acompañar a un paciente que no puede hablar, ni ver la luz del sol, ni saber qué hora es... pero sí puede escuchar.

Como recuerda la doctoranda Carmen Fernández Álvarez, «existe interés y potencial en esta línea de investigación, pero también la necesidad de diseñar estudios más sólidos que permitan avanzar hacia recomendaciones clínicas fundamentadas».

La ciencia, como la música, necesita tiempo, paciencia y el acorde justo para alcanzar su nota más alta.

 ¿Te ha GUSTADO este post? Si tu respuesta es afirmativa, te agradecería que lo COMPARTIERAS, porque el conocimiento que no se comparte pierde su valor. Justamente debajo tienes los botones de las redes sociales. ¡GRACIAS!




No hay comentarios: