viernes, 24 de julio de 2020
domingo, 28 de junio de 2020
ESTRÉS TRAS EL CONFINAMIENTO
«La ansiedad, la ira, la frustración, el miedo o el insomnio se pueden
prolongar entre cuatro y seis meses después de una cuarentena. Y síntomas de estrés postraumático o un abuso de
alcohol o drogas relacionados con el episodio son detectados hasta tres años
más tarde». Son palabras de Samantha Brooks, la psicóloga que ha liderado el
equipo de investigadores del King’s College de Londres, autor de
un interesante estudio que recoge las consecuencias psicológicas de las
cuarentenas.
La investigación, que ha sido publicada en la revista The Lancet, está basada en experiencias de cuarentena anteriores,
desde el síndrome respiratorio agudo (SARS) de 2003 hasta el ébola de 2016, e
incluye otras, como la gripe A o la influenza equina.
EFECTOS PSICOLÓGICOS NEGATIVOS
La cuarentena impacta negativamente en el equilibrio de las personas,
debido a la sensación de irrealidad
de la nueva situación. La privación de libertad, el abandono de las rutinas
diarias, la impresión de que el tiempo se paraliza, la incertidumbre respecto
al futuro, el coste en vidas humanas, las pérdidas económicas… Son muchos los
elementos que convierten la situación de una pandemia y el confinamiento en un
perfecto caldo de cultivo para generar efectos psicológicos negativos en el ser
humano.
El hallazgo de que estos efectos aún
pueden detectarse meses o años más adelante es particularmente preocupante
e indica que se deben implementar medidas durante el proceso de planificación
de cuarentena para minimizar estos impactos psicológicos.
ESTRESORES DURANTE LA PANDEMIA. Y TRAS ELLA
Los estudios apuntan a que son fuentes de estrés durante la pandemia la duración de la cuarentena (quienes
estuvieron más de 10 días en confinamiento presentaron un estrés postraumático
significativamente más alto que los que estuvieron menos de 10 días), el miedo
a la infección (contagio propio o riesgo de infectar a familiares), la
frustración y aburrimiento derivados del encierro y la pérdida de rutina y
contacto social y físico habitual, unos suministros básicos inadecuados, y la disposición
de una información deficiente.
Pero los factores de estrés no tienen lugar tan solo durante la cuarentena,
sino que también se producen una vez
concluida. Y a este respecto, las investigaciones apuntan a que los
aspectos más relevantes en la generación del estrés son las finanzas (muchas
personas no pueden trabajar durante la pandemia e, incluso, tras ella, con las
consiguientes pérdidas económicas) y el estigma que en ocasiones supone
resultar infectado y que lleva a otros a evitar a quienes estuvieron
contagiados, retirándoles invitaciones sociales, tratándolos con miedo y
sospecha, o haciendo comentarios críticos.
Simon Wessely, psiquiatra y estudioso de este tipo de cuarentenas, señala
que nunca se puede preparar una
población entera de antemano para el estrés derivado del confinamiento por una
cuarentena, pero se pueden tomar medidas en la dirección correcta.
CONCLUSIONES
Uno de los objetivos del estudio del King’s College de Londres es ofrecer
pautas que ayuden a la población a reincorporarse a su rutina diaria sin
secuelas tras el confinamiento.
En general, la investigación sugiere que el impacto psicológico de la cuarentena es amplio y sustancial y,
además, que puede ser duradero. No obstante, ello no quiere decir que no
se deba utilizar la cuarentena en situaciones como una pandemia (los efectos
psicológicos de no utilizarla y permitir que la enfermedad se propague podrían
ser peores), sino tan solo que la situación debe manejarse con cuidado.Algunas recomendaciones derivadas del estudio para tal manejo pasan por decir a las personas lo que está sucediendo, por qué y cuánto tiempo continuará. Facilitar a la población actividades alternativas para realizar durante la cuarentena, proporcionar una comunicación clara, asegurar la disponibilidad de suministros básicos (alimentos, agua, y suministros médicos) y reforzar la sensación de altruismo que las personas deberían, con razón, sentir.
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domingo, 17 de mayo de 2020
sábado, 4 de abril de 2020
EL AISLAMIENTO SOCIAL NOS ESTÁ (TAMBIÉN) MATANDO
«Varias investigaciones nuevas sugieren que estar socialmente aislados es
malo para nosotros. Las personas con menos conexiones sociales presentan
patrones de sueño discontinuos, alteraciones del sistema inmunitario, más inflamación
y niveles más altos de las hormonas relacionadas con el estrés. Un estudio
reciente reveló que el aislamiento aumenta el riesgo de cardiopatías en un 29
por ciento y de infarto en un 32 por ciento».
El párrafo que acabas de leer no es reciente; no tiene nada que ver con el
confinamiento al que todos estamos sometidos desde hace semanas como
consecuencia de la pandemia del coronavirus COVID-19. Se trata de la
transcripción de una parte del artículo de Dhruv Khullar titulado «El aislamiento social nos está
matando» publicado por el diario The New York Times el
28 de diciembre de 2016. La investigación citada fue realizada por la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de York, en Heslington (Reino Unido), dirigida por Nicole K. Valtorta y publicada en la revista Heart.
Ese mismo artículo revela que «en otro análisis, que agrupó datos de 70
estudios y 3,4 millones de personas, se halló que las personas socialmente
aisladas tenían un riesgo mayor —un 30 por ciento más— de morir en los
siguientes siete años, y que este efecto aumentaba en aquellos de mediana edad.
EL ESTRÉS POR AISLAMIENTO.
RECOMENDACIONES
La Organización Mundial de la Salud (OMS), ahora sí, recientemente, ha
reconocido en su informe «Salud mental y consideraciones
psicosociales durante el Brote de COVID-19», de fecha 18 de marzo de
2020, que el actual momento de crisis está generando estrés en toda la
población, y que la presión a que los ciudadanos se ven sometidos cabe
considerarse como normal a la vista de las circunstancias que atravesamos.
Algunas de las recomendaciones que ha difundido la OMS y que seguro nos
resultarán útiles para contrarrestar el estrés y otras consecuencias negativas
del confinamiento son las siguientes:
- Minimiza
la sobreinformación que sientas que te angustia o te genera ansiedad.
Busca tu información solo en fuentes fiables. Actualiza tu información de
forma regular, pero no constante. Distingue los hechos de los rumores o la
desinformación.
- Apóyate
y apoya a los demás. Ayudar a otros cuando lo necesitan beneficia tanto a
quien recibe el apoyo como a quien lo ofrece. Trabajar juntos fomenta la
solidaridad.
- Congratúlate
de las historias positivas y esperanzadoras de personas cercanas que han
sufrido y superado el COVID-19.
- Valora y reconoce el trabajo de quienes están luchando en primera línea contra el virus, como el personal sanitario y de las fuerzas de seguridad.
ALGUNAS RECOMENDACIONES MÁS
Me permitiré añadir, como estudioso del estrés, algunos consejos más que
pueden ser útiles durante el confinamiento:
- Intenta
mantener una rutina diaria: hora de levantarte, de comidas y de ir a la
cama.
- Sigue
una dieta equilibrada. Que no falten alimentos que pueden ayudarte a
conseguir un estado anímico positivo: fruta, lácteos, frutos secos,
pescados grasos con omega-3, pescado azul, chocolate negro (con
moderación).
- Haz
ejercicio de forma regular. En casa también es posible, y lo sabes.
- Ocúpate
en actividades que, sin perder el realismo de la situación, te permitan
desconectar momentáneamente. Puedes leer, ver películas y serie de TV,
escuchar música, hacer visitas virtuales a través de la red… No olvides
fomentar el buen humor.
- Practica alguna técnica de relajación, como la respiración abdominal; si la acompañas de técnicas de relajación física o mental, mejor.
LO VAMOS A CONSEGUIR
La soledad puede acelerar el declive cognitivo, especialmente en los
adultos mayores, y las personas aisladas tienen el doble de probabilidades de
morir prematuramente que aquellos con interacciones sociales más sólidas. Ahora
nos toca, por obligación con toda la sociedad, mantener el aislamiento social.
Por responsabilidad. Hagámoslo lo más llevadero posible. Volverán los mejores
tiempos. Mientras tanto, debemos intentar hacer imposible el título de este
post: «El aislamiento social nos está (también) matando».
miércoles, 25 de marzo de 2020
jueves, 13 de febrero de 2020
EL ESTRÉS PROVOCA CANAS, SEGÚN LA CIENCIA
Era un enigma aún sin resolver que parece, al fin, haber sido esclarecido.
El estrés sobreactiva una serie de nervios del sistema nervioso autónomo que, a
su vez, provocan un daño permanente a las células madre que se encargan de
regenerar el pigmento del pelo. O lo que es lo mismo: el estrés conduce al encanecimiento acelerado y prematuro del
cabello. Es la conclusión a la que han llegado científicos de la Universidad de
Harvard, al mando de la bióloga regenerativa Ya-Chieh Hsu.
La investigación se ha publicado en la revista «Nature» y podría tener
implicaciones en la comprensión de los efectos del estrés en otras partes del
cuerpo y, en general, del envejecimiento, además de abrir la puerta a tratamientos
para frenar este proceso.
CÉLULAS MADRE AGOTADAS
El sistema nervioso simpático, responsable de poner en marcha las
respuestas de estrés (de ‘lucha o huida’), que garantizan la supervivencia, ha
sido el centro del estudio, desarrollado en ratones. Estas respuestas de estrés
son a menudo beneficiosas, pero los investigadores han observado que también
pueden agotar de forma permanente una población completa de células madre de
melanocitos, las células que colorean el cabello.
Antes de llegar a esta conclusión, los investigadores descartaron
otras hipótesis, como que las canas fueran causadas por ataques inmunológicos u
hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol.
Los resultados finales apuntan a que cuando el estrés es elevado,
la noradrenalina secretada provoca que algunos folículos pierdan todas sus células
madre melanocíticas de forma prematura, y el pigmento ya no vuelve a
regenerarse.
ESTRÉS FÍSICO, PSICOLÓGICO Y DOLOR
Este mecanismo fue verificado por los autores de la investigación
en ratones, a los que se expuso a estrés físico y psicológico y a dolor.
Esos tres
factores provocaron el agotamiento de la reserva de células madre. No obstante,
los investigadores señalaron que se requieren muchas rondas de exposición a
estrés para que, al final, se agoten todas las células madre.
LAS CANAS, SÍMBOLO DE SABIDURÍA
Durante siglos hemos identificado el pelo canoso con personas de
gran experiencia, incluso con las más sabias. Ahora, tras este estudio, quizás
sea la hora, como señala el biólogo Christopher Deppmann, investigador de la
Universidad de Virginia, de plantearnos si esa asociación entre pelo gris y
sabiduría pudiera estar relacionada con la superación exitosa de muchas
situaciones de estrés a lo largo de la vida.
domingo, 26 de enero de 2020
domingo, 22 de diciembre de 2019
ESTRÉS & TELÓMEROS: ¿LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD?
El desgaste de los telómeros a causa
de fumar un paquete de tabaco al día
durante un periodo de 40 años es equivalente a 7,4 años de vida; la
pérdida excesiva de la longitud de los telómeros en individuos obesos es
equivalente a 8,8 años de vida; la diferencia en la longitud de los telómeros en mujeres expuestas
a altos niveles de estrés en su vida
diaria respecto a otras no expuestas es equivalente a 10 años de vida.
Los telómeros
son largas cadenas de ADN repetitivo situadas en el extremo de cada uno de los
cromosomas del organismo humano que actúan a modo de capuchón protector. Van
acortándose de manera natural con el paso del tiempo, ya que cada vez que una
célula se divide, una porción de telómero no se replica. Cuando quedan
demasiado cortos, las células saben que es tiempo de retirarse o autodestruirse.
TELÓMEROS: UN RELOJ BIOLÓGICO
Se estima que la longitud de
los telómeros del ser humano decrecen a una tasa de 24,8-27,7 pares de bases
por año, una circunstancia
que puede servir, por tanto, como un reloj
biológico para determinar la esperanza de vida de una célula y un
organismo. El desgaste del telómero representa, de este modo, un papel
importante en el proceso de envejecimiento, y se estima ligado a muchas
enfermedades relacionadas con la edad, como la diabetes, el cáncer y las
enfermedades cardiacas.
Hoy se sabe, además, que
determinados factores están relacionados con los telómeros más cortos.
Así, por ejemplo, algunas historias clínicas muestran la adversidad en la
vida temprana como uno de dichos factores. Esta relación se observó por
primera vez en adultos cuando la adversidad temprana se evaluó
retrospectivamente, pero ahora se ha observado en niños pequeños de forma
prospectiva. Maltrato, abuso,
negligencia severa y exposición a la violencia parecen tomar una franja de los
telómeros.
En un sentido parecido, un grupo de científicos de la Universidad de California descubrió, tras revisar varias decenas de estudios, que el estrés postraumático también causa daños biológicos severos, con acortamiento de los telómeros y, con ello, el envejecimiento prematuro. Todo ello no es sino una muestra inequívoca de cómo el estrés negativo puede llegar a perjudicarnos a cualquier edad, desde las edades más tempranas, hasta nuestro final.
Otros agentes que pueden igualmente influir en la longitud de los telómeros son los asociados con nuestro estilo de vida, dado que pueden llevar consigo el acortamiento de los telómeros mediante la inducción de un daño en el ADN en general o más específicamente en los telómeros y, por tanto, afectar a la salud y esperanza de vida de un individuo.
En un sentido parecido, un grupo de científicos de la Universidad de California descubrió, tras revisar varias decenas de estudios, que el estrés postraumático también causa daños biológicos severos, con acortamiento de los telómeros y, con ello, el envejecimiento prematuro. Todo ello no es sino una muestra inequívoca de cómo el estrés negativo puede llegar a perjudicarnos a cualquier edad, desde las edades más tempranas, hasta nuestro final.
Otros agentes que pueden igualmente influir en la longitud de los telómeros son los asociados con nuestro estilo de vida, dado que pueden llevar consigo el acortamiento de los telómeros mediante la inducción de un daño en el ADN en general o más específicamente en los telómeros y, por tanto, afectar a la salud y esperanza de vida de un individuo.
ESTRÉS CRÓNICO, UN IMPLACABLE 'ENVEJECEDOR'
En relación al estrés, resulta
especialmente interesante un estudio realizado por investigadores de la
Universidad de Michigan sobre el ADN de 250 médicos que cumplían su primer
año de residencia en Estados Unidos (un proceso intenso y en ocasiones
extenuante), y que demuestra cómo los turnos largos, las alteraciones del sueño y el estrés constante pueden tener consecuencias biológicas en los médicos de reciente ingreso.
Así, tras analizar las muestras
de saliva para comprobar la longitud de sus telómeros antes y después de su
primer año de residencia, los investigadores descubrieron que el ADN de los
residentes de primer año había envejecido seis veces más rápido de lo normal. Los
residentes que trabajaron turnos más largos o más horas en general tuvieron un riesgo aún mayor: el encogimiento del telómero aumentó de forma constante
con la cantidad de horas trabajadas, y se disparó en quienes trabajaban más de
75 horas a la semana.
CÓMO PREVENIR EL ACORTAMIENTO DE LOS TELÓMEROS
Afortunadamente, otros estudios
sugieren formas para prevenir o reducir el acortamiento prematuro de los
telómeros. Entre ellas se encuentran evitar el estrés crónico y el
agotamiento laboral, llevar una alimentación más saludable (un
estudio de diciembre de 2012 concluye que la dieta mediterránea es preventiva), reducir al
mínimo la exposición a la contaminación atmosférica, hacer ejercicio
y meditación con regularidad, moderar el consumo de alcohol y afrontar
las situaciones estresantes como retos, no como amenazas.
Puedes aprender más sobre los telómeros, el estrés y el envejecimiento con el siguiente vídeo
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jueves, 14 de noviembre de 2019
jueves, 24 de octubre de 2019
LAS PROFESIONES MÁS ESTRESANTES
Los recientes altercados de orden público
producidos en Cataluña han puesto de manifiesto la complejidad del trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad debido, entre
otras razones, a los elevados niveles de estrés que los agentes pueden llegar a
tener que afrontar en el desempeño de tareas como el mantenimiento y
restablecimiento del orden público.
Y es que la exigencia física y la
interacción con los ciudadanos son elementos que, en gran medida, determinan la
tasa de estrés laboral entre los profesionales. Así lo viene señalando CareerCast, un portal estadounidense dedicado a temas laborales, en un estudio sobre las profesiones más estresantes que realiza y difunde a nivel mundial cada año.
En España, el estrés laboral es un «fiel compañero» de trabajo. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 59% de los trabajadores se siente estresado en su desempeño diario.
Otras fuentes elevan dicho porcentaje a cotas mucho más elevadas.
UNA CLASIFICACIÓN EN BASE A MULTITUD DE ELEMENTOS
CareerCast elabora su ránking de trabajos más y menos estresantes del mundo graduándolos con una escala que oscila entre 0 puntos (nivel mínimo) y 100 (máximo) tras analizar
los siguientes parámetros:


-
Presión
de superiores (fechas de entrega).
-
Retribuciones.
-
Exigencias
físicas.
-
Grado
de interacción con el público.
-
Competitividad
del mercado.
- Carácter público o privado de la empresa.
-
Obligación de viajar.
-
Condiciones
ambientales.
-
Riesgo
para la vida.
-
Amenazas
del entorno.
-
Previsiones
de contrato en 10 años.
EL TOP 5
Las profesiones que encabezan la
clasificación como más exigentes en el año 2018 (el último publicado) desde el
punto de vista del estrés son las de militar, bombero, piloto comercial,
policía y organizador de eventos. Estos son algunos de los argumentos expuestos
por CareerCast para su elección:
5. Coordinador de eventos
El estrés suele sobrevenir cuando las
cosas comienzan a salir mal, como errores en las invitaciones o en el menú a
servir a los invitados. Se debe disponer de buenas conexiones y ser un buen
solucionador de problemas en un sector muy competitivo.
4. Policía
Pueden llegar a poner en riesgo su vida
casi a diario, particularmente por su contacto con delincuentes peligrosos. Desde hace años, otros estudios vienen apuntando la existencia de numerosos factores de estrés en el trabajo de este colectivo. La enciclopedia de salud y seguridad en el trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) incluye entre ellos el trabajo a turnos, la incertidumbre sobre lo que acaecerá durante cada uno de ellos, la escasez de personal y equipo, la violencia intrínseca de algunas de las actuaciones y la sobrecarga de trabajo.
El hecho de ser responsable de la
seguridad de muchos pasajeros puede ser muy estresante, al igual que los
cambios de última hora en los horarios y las largas jornadas de trabajo.
2. Bombero
Como los agentes de policía, pueden llegar a arriesgar sus
vidas a diario por la seguridad de los demás y, además, deben lidiar con la
incertidumbre de no conocer cuál será la peligrosidad de cada incendio y de cuántas
personas necesitarán salvar en cada salida, a lo que hay que añadir elementos
como cambios de turno de último hora.
1. Militar
Estar lejos del hogar durante meses en
zonas de guerra puede ser extremadamente traumático, un factor al que hay que
añadir el temor por su integridad física. Existen estudios que apuntan a
que una cuarta parte del personal militar desarrolla problemas mentales en los 3 o 4 meses siguientes a su regreso a casa.
CareerCast aclara que el ránking estima el nivel de estrés ligado a una carrera, con
independencia del lugar donde se ejerza.
Y A LA COLA…
En consonancia con las más estresantes, las
carreras sometidas a una menor tensión son, en general, aquellas que están sujetas
a menos riesgos personales y ambientales, no deben permanecer en contacto con
el público y, además, presentan una elevadas perspectivas de contratación para
la próxima década, según los expertos de CareerCast.
Ecografista, estilistas de peluquería,
audiólogos, profesores titulados de universidad y técnicos de historias
clínicas son los profesionales a la cola del ránking de estrés.
A continuación, clicando sobre la imagen inferior, puedes acceder a una reciente ponencia sobre el estrés en en ámbito de las fuerzas y cuerpos de seguridad impartida en el seno de la cátedra de Prevención de Riesgos Laborales y Salud Pública de la Universidad de Córdoba.
lunes, 30 de septiembre de 2019
viernes, 13 de septiembre de 2019
ESTRÉS POLICIAL: Pérdidas de memoria y disparos involuntarios
«Las reacciones bajo estrés es más probable que produzcan una disminución en la atención
consciente, fragmentación de la memoria, distorsiones perceptuales y basarse en
experiencias de aprendizaje instintiva y previas en lugar de hacerlo sobre
pensamientos racionales conscientes.
La ausencia de recuerdos sobre la propia conducta del agente de policía puede incluir imprecisiones en el recuerdo del número de disparos realizados e, incluso, sobre el mismo hecho de haber disparado o no el arma.
Si el policía no recuerda en ocasiones
haber disparado su arma, se puede asumir que, en algunos casos, los disparos se
realizaron de forma involuntaria, por lo menos, en un plano consciente».
Se trata tan solo de tres de los párrafos del interesantísimo artículo recientemente publicado por el psicólogo clínico Fernando Pérez Pacho en la revista digital especializada Último cartucho.es.
El artículo completo puede leerse clicando sobre la imagen de la parte superior.
miércoles, 21 de agosto de 2019
viernes, 26 de julio de 2019
ESTRÉS VACACIONAL: APRENDE A DESCONECTAR
El día al fin ha llegado. Lo has estado esperando durante todo el año. Comienzas tus ansiadas vacaciones y…
sorpresa: cansancio, insomnio, desánimo, dolor de cabeza, falta de apetito y
hasta de deseo sexual. ¡Uf! Pero, ¿cómo es posible? Pues puede resultarte
curioso, pero quizás estés sufriendo algunos de los numerosos síntomas de la conocida como depresión de la tumbona, un término acuñado a principios del siglo actual por doctores de la clínica psiquiátrica austriaca Wagner-Jauregg.
Y es que todos conocemos las consecuencias
de un elevado nivel de estrés laboral (irritabilidad, desmotivación, bajo
rendimiento…), pero posiblemente no sepamos tanto sobre las derivadas de una
pésima desconexión del trabajo durante el periodo en el que lo que cabría
esperar sería, justamente, todo lo contrario. Es el también conocido como estrés vacacional y tiene su explicación.
Por lo general,
trabajando a nuestro ritmo habitual, las dos hormonas más relacionadas con el
estrés –cortisol y adrenalina– presentan unos niveles elevados, acordes a
nuestra actividad. Necesitamos energía, activación, y ambas hormonas son parte del mecanismo natural que nos las proporciona.
Sin embargo, cuando desconectamos del desempeño laboral,
estos niveles hormonales disminuyen, a veces drásticamente, y puede producirse un desequilibrio, un shock que nos genere insatisfacción y otros problemas, incluso de salud, porque nuestro sistema inmunológico
se deprime, lo que favorece que podamos llegar a enfermar. El acelerón final que en ocasiones realizamos antes del inicio de las vacaciones para dejar zanjados algunos asuntos laborales puede acrecentar el desequilibrio.
LOS MÁS AUTOEXIGENTES, TAMBIÉN LOS MÁS
PROCLIVES
El estrés vacacional, como el laboral, no
afecta a todos por igual. Son aquellas personas que se exigen más a sí mismos y
que presentan signos de adicción al trabajo (los conocidos como workaholic) los
más expuestos a padecerlo, dado que a menudo, al iniciar su temporada de asueto,
se encuentran con que no saben qué hacer, disponen de demasiado tiempo libre, no existen hábitos de trabajo que cumplir…
De hecho, este tipo de trabajadores a
veces prefieren renunciar a sus vacaciones porque su nivel de estrés es incluso
superior y más angustioso que su estrés laboral habitual. Además, suele
tratarse de personas que se creen imprescindibles, lo cual incrementa esa
posibilidad de renuncia al descanso (o al menos a vacaciones prolongadas) por
temor a pérdidas irreparables si dejan hacer a los demás en su ausencia.
LA DESCONEXIÓN NO ES TOTAL
En otros casos, sin embargo, los problemas de estrés en periodo vacacional no están generados tanto por el impacto propio de un parón brusco del intenso trabajo cotidiano, sino más bien por la imposibilidad de una desconexión total del mismo.
Según el informe InfoJobs-ESADE, más de la
mitad de los trabajadores españoles responde a correos electrónicos y a
llamadas de trabajo durante sus vacaciones. Además, la facilidad de la que en
la actualidad disponemos para acceder a información a través de las nuevas
tecnologías y nuestra ansiedad por estar continuamente conectados (el conocido
como tecnoestrés) no ayudan a la desconexión.
Según el mismo informe, los trabajadores
con cargo de empleado se conectan durante las vacaciones a la oficina en el 45
% de los casos; los mandos intermedios lo hacen en el 68 %, y los cargos
directivos, en el 84 %.
Se trata de una mala práctica, porque
quienes más rinden después son, precisamente, los trabajadores que más descansan
y desconectan durante esos días de vacaciones. Así lo perciben muchas
organizaciones que saben del beneficio que el adecuado descanso tiene en sus
empleados y, con ello, en su propia productividad empresarial, por lo que
incorporan medidas para garantizar la desconexión, como bloquear su acceso al
correo electrónico.
CONSEJOS PARA DESCONECTAR
Algunas de las sencillas (para unos; para
otros, no tanto) recomendaciones que podemos seguir para desconectar y evitar
el estrés vacacional son:
1. Valora,
según tu capacidad de adaptación, desconectar poco a poco. Pasar de 100 a 0, de la tensión laboral a la calma vacacional, puede no ser ni fácil ni aconsejable.
2. Evita responder a comunicaciones
relativas al trabajo (correos, llamadas, whatsapps…) o, al menos, fija un día y
horario concreto para hacerlo. El resto del tiempo, para ti.
3. Descansa. Retrasa tu horario habitual
de despertar e, incluso, si te apetece, échate una pequeña siesta. Saborea la
tranquilidad.
4. Haz ejercicio regularmente.
5. Disfruta de tu familia, de tus amigos,
de tus aficiones, de uno o más viajes… en definitiva, de todo aquello que
durante el resto del año te resulta complicado realizar por el trabajo.
Así que, ya sabes, si ya estás o vas a
comenzar pronto tus vacaciones, DESCONECTA, que todo no puede ser trabajar.
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jueves, 4 de julio de 2019
«BURNOUT»: ESTOY QUEMADO EN EL TRABAJO
Agotamiento, insomnio, ansiedad, desánimo,
abuso de alcohol, actitudes negativas, sarcásticas, cínicas y poco
colaboradoras, conflictos interpersonales en el ámbito laboral y familiar...
Algunos estudios estiman que un 15% de los trabajadores podrían padecerlo, unos porcentajes que ascienden hasta el 20% en
el caso de los agentes de policía e incluso a un 40% para los profesionales de
la sanidad.
Es el «Burnout» o síndrome de estar
quemado en el trabajo, un fenómeno del ámbito laboral que, a pesar de haber
sido citado por primera vez en la década de los años 70, acaba ser reconocido
por la OMS como una enfermedad profesional.
1974. NUEVA YORK. UNA CLÍNICA DE
DESINTOXICACIÓN…
Fue Herbert Freudenberger, un psiquiatra
de una clínica de desintoxicación de New York, el que en 1974 utilizó el
término «burnout» para hacer referencia al estado físico y mental que apreció
en jóvenes voluntarios que trabajaban en la clínica y que presentaban
agotamiento, irritabilidad y cinismo hacia sus pacientes, lo cual les llevaba a
intentar evitarlos.
Poco después, en 1976, era la psicóloga norteamericana
Christina Maslach la que, en relación a hechos similares, definía con el
término «burnout» el síndrome que apreció entre algunos de sus compañeros: un
proceso progresivo de desgaste profesional, despersonalización y baja
realización personal que podía tener lugar en profesionales con frecuentes
contactos con otras personas.
La propia Maslach y otra psicóloga,
igualmente estadounidense, Susan E. Jackson, fueron las que definitivamente, en
el año 1981, definieron el «burnout» como un síndrome tridimensional cuyos
síntomas más destacados eran:
· Cansancio
emocional: pérdida de energía progresiva, agotamiento, fatiga... como
consecuencia de la interacción entre el profesional y el público. El trabajador
siente que ya no puede dar más de sí mismo a nivel afectivo.
· Falta
de realización personal en su trabajo: respuestas negativas hacia sí mismo y su
trabajo, evaluando pésimamente su capacidad como profesional.
· Despersonalización:
actitudes negativas y respuestas cínicas y frías hacia los ciudadanos, es
decir, deshumanización en el trato.
PROPIO DE PROFESIONES EN CONTACTO CON LOS
DEMÁS
Actualmente se considera que el «burnout» es
una respuesta afectiva crónica a las condiciones estresantes del trabajo de
determinados profesionales con altos niveles de contacto personal. Profesores,
educadores, enfermeros, médicos y policías son a menudo víctimas del síndrome.
Suele tratarse de profesionales vocacionales que ejercen con un importante grado
de entrega e implicación personal.
Pero, además, en la empresa privada
también puede aparecer el síndrome, especialmente en aquellos trabajadores en relación
interpersonal directa y continuada con el cliente.
Existen estudios que señalan que el
síndrome afecta en mayor medida a los denominados «workoholics» o adictos al
trabajo, personas con un alto sentido de responsabilidad,
perfeccionistas y que no delegan tareas ni trabajan en equipo, consagrando su vida casi en exclusiva al entorno laboral.
EL ESTRÉS CRÓNICO COMO ORIGEN
El origen del «Burnout» podría estar en la
respuesta al estrés laboral crónico cuando las estrategias de afrontamiento son
ineficaces, de forma que las demandas del trabajo, principalmente emocionales,
superan la capacidad y tolerancia del trabajador.
El proceso de aparición y evolución del
síndrome no es complejo: el profesional sufre elevados niveles de estrés como
consecuencia de su trabajo, y si no es capaz de movilizar los recursos necesarios
para reducirlo, éste se cronifica. De este modo, pierde habilidades y deseos
para dar una respuesta emocional adecuada a situaciones conflictivas,
comenzando a tratar a las personas con indiferencia y frialdad. El trabajador
tiene que hacer frente a un problema tras otro, dando lugar a que los
ciudadanos sean vistos como simples objetos en los que lo único que cambia es
su identidad.
ALGUNAS MEDIDAS PARA PREVENIRLO
El síndrome de estar quemado en el trabajo
puede prevenirse. Dado que su origen está en unas condiciones laborales
estresantes, es por ahí por donde, precisamente, se debe comenzar, por mejorar
la organización del trabajo y proveer al trabajador de las herramientas
necesarias para que pueda realizar sus tareas de la forma más adecuada. Una carga
de trabajo proporcionada a las capacidades de cada cual es, sin duda, una de
las medidas «estrella» en tal sentido.
Mejorar nuestras habilidades, tanto las profesionales
como las sociales, o reciclarnos periódicamente, son medidas que,
a nivel individual, también contribuirán a la prevención del síndrome.
Desconectar del trabajo, poniendo límites
y ajustando nuestras expectativas laborales, hacer ejercicio regularmente y
pedir ayuda a otras personas o, incluso, a profesionales de la salud si es
necesario, son también medidas que para no llegar a «quemarse en el trabajo».
Y tú, ¿crees estar quemándote? Toma medidas.
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