domingo, 28 de junio de 2020

ESTRÉS TRAS EL CONFINAMIENTO

«La ansiedad, la ira, la frustración, el miedo o el insomnio se pueden prolongar entre cuatro y seis meses después de una cuarentena. Y síntomas de estrés postraumático o un abuso de alcohol o drogas relacionados con el episodio son detectados hasta tres años más tarde». Son palabras de Samantha Brooks, la psicóloga que ha liderado el equipo de investigadores del King’s College de Londres, autor de un interesante estudio que recoge las consecuencias psicológicas de las cuarentenas.

La investigación, que ha sido publicada en la revista The Lancet, está basada en experiencias de cuarentena anteriores, desde el síndrome respiratorio agudo (SARS) de 2003 hasta el ébola de 2016, e incluye otras, como la gripe A o la influenza equina.

EFECTOS PSICOLÓGICOS NEGATIVOS
La cuarentena impacta negativamente en el equilibrio de las personas, debido a la sensación de irrealidad de la nueva situación. La privación de libertad, el abandono de las rutinas diarias, la impresión de que el tiempo se paraliza, la incertidumbre respecto al futuro, el coste en vidas humanas, las pérdidas económicas… Son muchos los elementos que convierten la situación de una pandemia y el confinamiento en un perfecto caldo de cultivo para generar efectos psicológicos negativos en el ser humano.

El hallazgo de que estos efectos aún pueden detectarse meses o años más adelante es particularmente preocupante e indica que se deben implementar medidas durante el proceso de planificación de cuarentena para minimizar estos impactos psicológicos.

ESTRESORES DURANTE LA PANDEMIA. Y TRAS ELLA
Los estudios apuntan a que son fuentes de estrés durante la pandemia la duración de la cuarentena (quienes estuvieron más de 10 días en confinamiento presentaron un estrés postraumático significativamente más alto que los que estuvieron menos de 10 días), el miedo a la infección (contagio propio o riesgo de infectar a familiares), la frustración y aburrimiento derivados del encierro y la pérdida de rutina y contacto social y físico habitual, unos suministros básicos inadecuados, y la disposición de una información deficiente.

Pero los factores de estrés no tienen lugar tan solo durante la cuarentena, sino que también se producen una vez concluida. Y a este respecto, las investigaciones apuntan a que los aspectos más relevantes en la generación del estrés son las finanzas (muchas personas no pueden trabajar durante la pandemia e, incluso, tras ella, con las consiguientes pérdidas económicas) y el estigma que en ocasiones supone resultar infectado y que lleva a otros a evitar a quienes estuvieron contagiados, retirándoles invitaciones sociales, tratándolos con miedo y sospecha, o haciendo comentarios críticos.

Simon Wessely, psiquiatra y estudioso de este tipo de cuarentenas, señala que  nunca se puede preparar una población entera de antemano para el estrés derivado del confinamiento por una cuarentena, pero se pueden tomar medidas en la dirección correcta.

CONCLUSIONES
Uno de los objetivos del estudio del King’s College de Londres es ofrecer pautas que ayuden a la población a reincorporarse a su rutina diaria sin secuelas tras el confinamiento.

En general, la investigación sugiere que el impacto psicológico de la cuarentena es amplio y sustancial y, además, que puede ser duradero. No obstante, ello no quiere decir que no se deba utilizar la cuarentena en situaciones como una pandemia (los efectos psicológicos de no utilizarla y permitir que la enfermedad se propague podrían ser peores), sino tan solo que la situación debe manejarse con cuidado.

Algunas recomendaciones derivadas del estudio para tal manejo pasan por decir a las personas lo que está sucediendo, por qué y cuánto tiempo continuará. Facilitar a la población actividades alternativas para realizar durante la cuarentena, proporcionar una comunicación clara, asegurar la disponibilidad de suministros básicos (alimentos, agua, y suministros médicos) y reforzar la sensación de altruismo que las personas deberían, con razón, sentir.

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sábado, 4 de abril de 2020

EL AISLAMIENTO SOCIAL NOS ESTÁ (TAMBIÉN) MATANDO



«Varias investigaciones nuevas sugieren que estar socialmente aislados es malo para nosotros. Las personas con menos conexiones sociales presentan patrones de sueño discontinuos, alteraciones del sistema inmunitario, más inflamación y niveles más altos de las hormonas relacionadas con el estrés. Un estudio reciente reveló que el aislamiento aumenta el riesgo de cardiopatías en un 29 por ciento y de infarto en un 32 por ciento».

El párrafo que acabas de leer no es reciente; no tiene nada que ver con el confinamiento al que todos estamos sometidos desde hace semanas como consecuencia de la pandemia del coronavirus COVID-19. Se trata de la transcripción de una parte del artículo de Dhruv Khullar titulado «El aislamiento social nos está matando» publicado por el diario The New York Times el 28 de diciembre de 2016. La investigación citada fue realizada por la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de York, en Heslington (Reino Unido), dirigida por Nicole K. Valtorta y publicada en la revista Heart.
 
Ese mismo artículo revela que «en otro análisis, que agrupó datos de 70 estudios y 3,4 millones de personas, se halló que las personas socialmente aisladas tenían un riesgo mayor —un 30 por ciento más— de morir en los siguientes siete años, y que este efecto aumentaba en aquellos de mediana edad.


EL ESTRÉS POR AISLAMIENTO.
RECOMENDACIONES
La Organización Mundial de la Salud (OMS), ahora sí, recientemente, ha reconocido en su informe «Salud mental y consideraciones psicosociales durante el Brote de COVID-19», de fecha 18 de marzo de 2020, que el actual momento de crisis está generando estrés en toda la población, y que la presión a que los ciudadanos se ven sometidos cabe considerarse como normal a la vista de las circunstancias que atravesamos.

Algunas de las recomendaciones que ha difundido la OMS y que seguro nos resultarán útiles para contrarrestar el estrés y otras consecuencias negativas del confinamiento son las siguientes:
  • Minimiza la sobreinformación que sientas que te angustia o te genera ansiedad. Busca tu información solo en fuentes fiables. Actualiza tu información de forma regular, pero no constante. Distingue los hechos de los rumores o la desinformación.
  • Apóyate y apoya a los demás. Ayudar a otros cuando lo necesitan beneficia tanto a quien recibe el apoyo como a quien lo ofrece. Trabajar juntos fomenta la solidaridad.
  • Congratúlate de las historias positivas y esperanzadoras de personas cercanas que han sufrido y superado el COVID-19.
  • Valora y reconoce el trabajo de quienes están luchando en primera línea contra el virus, como el personal sanitario y de las fuerzas de seguridad.

ALGUNAS RECOMENDACIONES MÁS
Me permitiré añadir, como estudioso del estrés, algunos consejos más que pueden ser útiles durante el confinamiento:
  • Intenta mantener una rutina diaria: hora de levantarte, de comidas y de ir a la cama.
  • Sigue una dieta equilibrada. Que no falten alimentos que pueden ayudarte a conseguir un estado anímico positivo: fruta, lácteos, frutos secos, pescados grasos con omega-3, pescado azul, chocolate negro (con moderación).
  • Haz ejercicio de forma regular. En casa también es posible, y lo sabes.
  • Ocúpate en actividades que, sin perder el realismo de la situación, te permitan desconectar momentáneamente. Puedes leer, ver películas y serie de TV, escuchar música, hacer visitas virtuales a través de la red… No olvides fomentar el buen humor.
  • Practica alguna técnica de relajación, como la respiración abdominal; si la acompañas de técnicas de relajación física o mental, mejor.

LO VAMOS A CONSEGUIR
La soledad puede acelerar el declive cognitivo, especialmente en los adultos mayores, y las personas aisladas tienen el doble de probabilidades de morir prematuramente que aquellos con interacciones sociales más sólidas. Ahora nos toca, por obligación con toda la sociedad, mantener el aislamiento social. Por responsabilidad. Hagámoslo lo más llevadero posible. Volverán los mejores tiempos. Mientras tanto, debemos intentar hacer imposible el título de este post: «El aislamiento social nos está (también) matando».

Ánimo a todos.


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jueves, 13 de febrero de 2020

EL ESTRÉS PROVOCA CANAS, SEGÚN LA CIENCIA


Era un enigma aún sin resolver que parece, al fin, haber sido esclarecido. El estrés sobreactiva una serie de nervios del sistema nervioso autónomo que, a su vez, provocan un daño permanente a las células madre que se encargan de regenerar el pigmento del pelo. O lo que es lo mismo: el estrés conduce al  encanecimiento acelerado y prematuro del cabello. Es la conclusión a la que han llegado científicos de la Universidad de Harvard, al mando de la bióloga regenerativa Ya-Chieh Hsu.

La investigación se ha publicado en la revista «Nature» y podría tener implicaciones en la comprensión de los efectos del estrés en otras partes del cuerpo y, en general, del envejecimiento, además de abrir la puerta a tratamientos para frenar este proceso.

CÉLULAS MADRE AGOTADAS
El sistema nervioso simpático, responsable de poner en marcha las respuestas de estrés (de ‘lucha o huida’), que garantizan la supervivencia, ha sido el centro del estudio, desarrollado en ratones. Estas respuestas de estrés son a menudo beneficiosas, pero los investigadores han observado que también pueden agotar de forma permanente una población completa de células madre de melanocitos, las células que colorean el cabello.
Antes de llegar a esta conclusión, los investigadores descartaron otras hipótesis, como que las canas fueran causadas por ataques inmunológicos u hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol.

Los resultados finales apuntan a que cuando el estrés es elevado, la noradrenalina secretada provoca que algunos folículos pierdan todas sus células madre melanocíticas de forma prematura, y el pigmento ya no vuelve a regenerarse.

ESTRÉS FÍSICO, PSICOLÓGICO Y DOLOR
Este mecanismo fue verificado por los autores de la investigación en ratones, a los que se expuso a estrés físico y psicológico y a dolor.
Esos tres factores provocaron el agotamiento de la reserva de células madre. No obstante, los investigadores señalaron que se requieren muchas rondas de exposición a estrés para que, al final, se agoten todas las células madre.

LAS CANAS, SÍMBOLO DE SABIDURÍA
Durante siglos hemos identificado el pelo canoso con personas de gran experiencia, incluso con las más sabias. Ahora, tras este estudio, quizás sea la hora, como señala el biólogo Christopher Deppmann, investigador de la Universidad de Virginia, de plantearnos si esa asociación entre pelo gris y sabiduría pudiera estar relacionada con la superación exitosa de muchas situaciones de estrés a lo largo de la vida.


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domingo, 22 de diciembre de 2019

ESTRÉS & TELÓMEROS: ¿LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD?

El desgaste de los telómeros a causa de fumar un paquete de tabaco al día durante un periodo de 40 años es equivalente a 7,4 años de vida; la pérdida excesiva de la longitud de los telómeros en individuos obesos es equivalente a 8,8 años de vida; la diferencia en la longitud de los telómeros en mujeres expuestas a altos niveles de estrés en su vida diaria respecto a otras no expuestas es equivalente a 10 años de vida.

Los telómeros son largas cadenas de ADN repetitivo situadas en el extremo de cada uno de los cromosomas del organismo humano que actúan a modo de capuchón protector. Van acortándose de manera natural con el paso del tiempo, ya que cada vez que una célula se divide, una porción de telómero no se replica. Cuando quedan demasiado cortos, las células saben que es tiempo de retirarse o autodestruirse.

TELÓMEROS: UN RELOJ BIOLÓGICO
Se estima que la longitud de los telómeros del ser humano decrecen a una tasa de 24,8-27,7 pares de bases por año, una circunstancia que puede servir, por tanto, como un reloj biológico para determinar la esperanza de vida de una célula y un organismo. El desgaste del telómero representa, de este modo, un papel importante en el proceso de envejecimiento, y se estima ligado a muchas enfermedades relacionadas con la edad, como la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiacas.

Hoy se sabe, además, que determinados factores están relacionados con los telómeros más cortos. Así, por ejemplo, algunas historias clínicas muestran la adversidad en la vida temprana como uno de dichos factores. Esta relación se observó por primera vez en adultos cuando la adversidad temprana se evaluó retrospectivamente, pero ahora se ha observado en niños pequeños de forma prospectiva. Maltrato, abuso, negligencia severa y exposición a la violencia parecen tomar una franja de los telómeros.

En un sentido parecido, un grupo de científicos de la Universidad de California descubrió, tras revisar varias decenas de estudios, que el estrés postraumático también causa daños biológicos severos, con acortamiento de los telómeros y, con ello, el envejecimiento prematuro. Todo ello no es sino una muestra inequívoca de cómo el estrés negativo puede llegar a perjudicarnos a cualquier edad, desde las edades más tempranas, hasta nuestro final.

Otros agentes que pueden igualmente influir en la longitud de los telómeros son los asociados con nuestro estilo de vida, dado que pueden llevar consigo el acortamiento de los telómeros mediante la inducción de un daño en el ADN en general o más específicamente en los telómeros y, por tanto, afectar a la salud y esperanza de vida de un individuo.

ESTRÉS CRÓNICO, UN IMPLACABLE 'ENVEJECEDOR'
En relación al estrés, resulta especialmente interesante un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan sobre el ADN de 250 médicos que cumplían su primer año de residencia en Estados Unidos (un proceso intenso y en ocasiones extenuante), y que demuestra cómo los turnos largos, las alteraciones del sueño y el estrés constante pueden tener consecuencias biológicas en los médicos de reciente ingreso.

Así, tras analizar las muestras de saliva para comprobar la longitud de sus telómeros antes y después de su primer año de residencia, los investigadores descubrieron que el ADN de los residentes de primer año había envejecido seis veces más rápido de lo normal. Los residentes que trabajaron turnos más largos o más horas en general tuvieron un riesgo aún mayor: el encogimiento del telómero aumentó de forma constante con la cantidad de horas trabajadas, y se disparó en quienes trabajaban más de 75 horas a la semana.

CÓMO PREVENIR EL ACORTAMIENTO DE LOS TELÓMEROS
Afortunadamente, otros estudios sugieren formas para prevenir o reducir el acortamiento prematuro de los telómeros. Entre ellas se encuentran evitar el estrés crónico y el agotamiento laboral, llevar una alimentación más saludable (un estudio de diciembre de 2012 concluye que la dieta mediterránea es preventiva), reducir al mínimo la exposición a la contaminación atmosférica, hacer ejercicio y meditación con regularidad, moderar el consumo de alcohol y afrontar las situaciones estresantes como retos, no como amenazas.

Puedes aprender más sobre los telómeros, el estrés y el envejecimiento con el siguiente vídeo

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jueves, 24 de octubre de 2019

LAS PROFESIONES MÁS ESTRESANTES


Los recientes altercados de orden público producidos en Cataluña han puesto de manifiesto la complejidad del trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad debido, entre otras razones, a los elevados niveles de estrés que los agentes pueden llegar a tener que afrontar en el desempeño de tareas como el mantenimiento y restablecimiento del orden público.

Y es que la exigencia física y la interacción con los ciudadanos son elementos que, en gran medida, determinan la tasa de estrés laboral entre los profesionales. Así lo viene señalando CareerCast, un portal estadounidense dedicado a temas laborales, en un estudio sobre las profesiones más estresantes que realiza y difunde a nivel mundial cada año.

En España, el estrés laboral es un «fiel compañero» de trabajo. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 59% de los trabajadores se siente estresado en su desempeño diario. Otras fuentes elevan dicho porcentaje a cotas mucho más elevadas.

UNA CLASIFICACIÓN EN BASE A MULTITUD DE ELEMENTOS
CareerCast elabora su ránking de trabajos más y menos estresantes del mundo graduándolos con una escala que oscila entre 0 puntos (nivel mínimo) y 100 (máximo) tras analizar los siguientes parámetros:


-         Presión de superiores (fechas de entrega).
-         Retribuciones.
-         Exigencias físicas.
-         Grado de interacción con el público.
-         Competitividad del mercado.
-         Carácter público o privado de la empresa.
-         Obligación de viajar.
-         Condiciones ambientales.
-         Riesgo para la vida.
-         Amenazas del entorno.
-         Previsiones de contrato en 10 años.

EL TOP 5
Las profesiones que encabezan la clasificación como más exigentes en el año 2018 (el último publicado) desde el punto de vista del estrés son las de militar, bombero, piloto comercial, policía y organizador de eventos. Estos son algunos de los argumentos expuestos por CareerCast para su elección:

5. Coordinador de eventos
El estrés suele sobrevenir cuando las cosas comienzan a salir mal, como errores en las invitaciones o en el menú a servir a los invitados. Se debe disponer de buenas conexiones y ser un buen solucionador de problemas en un sector muy competitivo.

4. Policía
Pueden llegar a poner en riesgo su vida casi a diario, particularmente por su contacto con delincuentes peligrosos. Desde hace años, otros estudios vienen apuntando la existencia de numerosos factores de estrés en el trabajo de este colectivo. La enciclopedia de salud y seguridad en el trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) incluye entre ellos el trabajo a turnos, la incertidumbre sobre lo que acaecerá durante cada uno de ellos, la escasez de personal y equipo, la violencia intrínseca de algunas de las actuaciones y la sobrecarga de trabajo.

3. Piloto de aerolínea
El hecho de ser responsable de la seguridad de muchos pasajeros puede ser muy estresante, al igual que los cambios de última hora en los horarios y las largas jornadas de trabajo.

2. Bombero
Como los agentes de policía, pueden llegar a arriesgar sus vidas a diario por la seguridad de los demás y, además, deben lidiar con la incertidumbre de no conocer cuál será la peligrosidad de cada incendio y de cuántas personas necesitarán salvar en cada salida, a lo que hay que añadir elementos como cambios de turno de último hora.


1. Militar
Estar lejos del hogar durante meses en zonas de guerra puede ser extremadamente traumático, un factor al que hay que añadir el temor por su integridad física. Existen estudios que apuntan a que una cuarta parte del personal militar desarrolla problemas mentales en los 3 o 4 meses siguientes a su regreso a casa.

CareerCast aclara que el ránking estima el nivel de estrés ligado a una carrera, con independencia del lugar donde se ejerza.

Y A LA COLA…
En consonancia con las más estresantes, las carreras sometidas a una menor tensión son, en general, aquellas que están sujetas a menos riesgos personales y ambientales, no deben permanecer en contacto con el público y, además, presentan una elevadas perspectivas de contratación para la próxima década, según los expertos de CareerCast.

Ecografista, estilistas de peluquería, audiólogos, profesores titulados de universidad y técnicos de historias clínicas son los profesionales a la cola del ránking de estrés. 

A continuación, clicando sobre la imagen inferior, puedes acceder a una reciente ponencia sobre el estrés en en ámbito de las fuerzas y cuerpos de seguridad impartida en el seno de la cátedra de Prevención de Riesgos Laborales y Salud Pública de la Universidad de Córdoba.


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viernes, 13 de septiembre de 2019

ESTRÉS POLICIAL: Pérdidas de memoria y disparos involuntarios



«Las reacciones bajo estrés es más probable que produzcan una disminución en la atención consciente, fragmentación de la memoria, distorsiones perceptuales y basarse en experiencias de aprendizaje instintiva y previas en lugar de hacerlo sobre pensamientos racionales conscientes.

La ausencia de recuerdos sobre la propia conducta del agente de policía puede incluir imprecisiones en el recuerdo del número de disparos realizados e, incluso, sobre el mismo hecho de haber disparado o no el arma.

Si el policía no recuerda en ocasiones haber disparado su arma, se puede asumir que, en algunos casos, los disparos se realizaron de forma involuntaria, por lo menos, en un plano consciente».

Se trata tan solo de tres de los párrafos del interesantísimo artículo recientemente publicado por el psicólogo clínico Fernando Pérez Pacho en la revista digital especializada Último cartucho.es.

El artículo completo puede leerse clicando sobre la imagen de la parte superior. 


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viernes, 26 de julio de 2019

ESTRÉS VACACIONAL: APRENDE A DESCONECTAR

El día al fin ha llegado. Lo has estado esperando durante todo el año. Comienzas tus ansiadas vacaciones y… sorpresa: cansancio, insomnio, desánimo, dolor de cabeza, falta de apetito y hasta de deseo sexual. ¡Uf! Pero, ¿cómo es posible? Pues puede resultarte curioso, pero quizás estés sufriendo algunos de los numerosos síntomas de la conocida como depresión de la tumbona, un término acuñado a principios del siglo actual por doctores de la clínica psiquiátrica austriaca Wagner-Jauregg.

Y es que todos conocemos las consecuencias de un elevado nivel de estrés laboral (irritabilidad, desmotivación, bajo rendimiento…), pero posiblemente no sepamos tanto sobre las derivadas de una pésima desconexión del trabajo durante el periodo en el que lo que cabría esperar sería, justamente, todo lo contrario. Es el también conocido como estrés vacacional y tiene su explicación.

Por lo general, trabajando a nuestro ritmo habitual, las dos hormonas más relacionadas con el estrés –cortisol y adrenalina– presentan unos niveles elevados, acordes a nuestra actividad. Necesitamos energía, activación, y ambas hormonas son parte del mecanismo natural que nos las proporciona.

Sin embargo, cuando desconectamos del desempeño laboral, estos niveles hormonales disminuyen, a veces drásticamente, y puede producirse un desequilibrio, un shock que nos genere insatisfacción y otros problemas, incluso de salud, porque nuestro sistema inmunológico se deprime, lo que favorece que podamos llegar a enfermar. El acelerón final que en ocasiones realizamos antes del inicio de las vacaciones para dejar zanjados algunos asuntos laborales puede acrecentar el desequilibrio.

LOS MÁS AUTOEXIGENTES, TAMBIÉN LOS MÁS PROCLIVES
El estrés vacacional, como el laboral, no afecta a todos por igual. Son aquellas personas que se exigen más a sí mismos y que presentan signos de adicción al trabajo (los conocidos como workaholic) los más expuestos a padecerlo, dado que a menudo, al iniciar su temporada de asueto, se encuentran con que no saben qué hacer, disponen de demasiado tiempo libre, no existen hábitos de trabajo que cumplir…

De hecho, este tipo de trabajadores a veces prefieren renunciar a sus vacaciones porque su nivel de estrés es incluso superior y más angustioso que su estrés laboral habitual. Además, suele tratarse de personas que se creen imprescindibles, lo cual incrementa esa posibilidad de renuncia al descanso (o al menos a vacaciones prolongadas) por temor a pérdidas irreparables si dejan hacer a los demás en su ausencia.

LA DESCONEXIÓN NO ES TOTAL
En otros casos, sin embargo, los problemas de estrés en periodo vacacional no están generados tanto por el impacto propio de un parón brusco del intenso trabajo cotidiano, sino más bien por la imposibilidad de una desconexión total del mismo.

Según el informe InfoJobs-ESADE, más de la mitad de los trabajadores españoles responde a correos electrónicos y a llamadas de trabajo durante sus vacaciones. Además, la facilidad de la que en la actualidad disponemos para acceder a información a través de las nuevas tecnologías y nuestra ansiedad por estar continuamente conectados (el conocido como tecnoestrés) no ayudan a la desconexión.

Según el mismo informe, los trabajadores con cargo de empleado se conectan durante las vacaciones a la oficina en el 45 % de los casos; los mandos intermedios lo hacen en el 68 %, y los cargos directivos, en el 84 %.

Se trata de una mala práctica, porque quienes más rinden después son, precisamente, los trabajadores que más descansan y desconectan durante esos días de vacaciones. Así lo perciben muchas organizaciones que saben del beneficio que el adecuado descanso tiene en sus empleados y, con ello, en su propia productividad empresarial, por lo que incorporan medidas para garantizar la desconexión, como bloquear su acceso al correo electrónico.

CONSEJOS PARA DESCONECTAR
Algunas de las sencillas (para unos; para otros, no tanto) recomendaciones que podemos seguir para desconectar y evitar el estrés vacacional son:

 1. Valora, según tu capacidad de adaptación, desconectar poco a poco. Pasar de 100 a 0, de la tensión laboral a la calma vacacional, puede no ser ni fácil ni aconsejable.

2. Evita responder a comunicaciones relativas al trabajo (correos, llamadas, whatsapps…) o, al menos, fija un día y horario concreto para hacerlo. El resto del tiempo, para ti.

3. Descansa. Retrasa tu horario habitual de despertar e, incluso, si te apetece, échate una pequeña siesta. Saborea la tranquilidad.

4. Haz ejercicio regularmente.

5. Disfruta de tu familia, de tus amigos, de tus aficiones, de uno o más viajes… en definitiva, de todo aquello que durante el resto del año te resulta complicado realizar por el trabajo.

Así que, ya sabes, si ya estás o vas a comenzar pronto tus vacaciones, DESCONECTA, que todo no puede ser trabajar.



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jueves, 4 de julio de 2019

«BURNOUT»: ESTOY QUEMADO EN EL TRABAJO


Agotamiento, insomnio, ansiedad, desánimo, abuso de alcohol, actitudes negativas, sarcásticas, cínicas y poco colaboradoras, conflictos interpersonales en el ámbito laboral y familiar...

Algunos estudios estiman que un 15% de los trabajadores podrían padecerlo, unos porcentajes que ascienden hasta el 20% en el caso de los agentes de policía e incluso a un 40% para los profesionales de la sanidad.

Es el «Burnout» o síndrome de estar quemado en el trabajo, un fenómeno del ámbito laboral que, a pesar de haber sido citado por primera vez en la década de los años 70, acaba ser reconocido por la OMS como una enfermedad profesional.

1974. NUEVA YORK. UNA CLÍNICA DE DESINTOXICACIÓN…
Fue Herbert Freudenberger, un psiquiatra de una clínica de desintoxicación de New York, el que en 1974 utilizó el término «burnout» para hacer referencia al estado físico y mental que apreció en jóvenes voluntarios que trabajaban en la clínica y que presentaban agotamiento, irritabilidad y cinismo hacia sus pacientes, lo cual les llevaba a intentar evitarlos.

Poco después, en 1976, era la psicóloga norteamericana Christina Maslach la que, en relación a hechos similares, definía con el término «burnout» el síndrome que apreció entre algunos de sus compañeros: un proceso progresivo de desgaste profesional, despersonalización y baja realización personal que podía tener lugar en profesionales con frecuentes contactos con otras personas.

La propia Maslach y otra psicóloga, igualmente estadounidense, Susan E. Jackson, fueron las que definitivamente, en el año 1981, definieron el «burnout» como un síndrome tridimensional cuyos síntomas más destacados eran:

·  Cansancio emocional: pérdida de energía progresiva, agotamiento, fatiga... como consecuencia de la interacción entre el profesional y el público. El trabajador siente que ya no puede dar más de sí mismo a nivel afectivo.

·     Falta de realización personal en su trabajo: respuestas negativas hacia sí mismo y su trabajo, evaluando pésimamente su capacidad como profesional.

·  Despersonalización: actitudes negativas y respuestas cínicas y frías hacia los ciudadanos, es decir, deshumanización en el trato.

PROPIO DE PROFESIONES EN CONTACTO CON LOS DEMÁS
Actualmente se considera que el «burnout» es una respuesta afectiva crónica a las condiciones estresantes del trabajo de determinados profesionales con altos niveles de contacto personal. Profesores, educadores, enfermeros, médicos y policías son a menudo víctimas del síndrome. Suele tratarse de profesionales vocacionales que ejercen con un importante grado de entrega e implicación personal.

Pero, además, en la empresa privada también puede aparecer el síndrome, especialmente en aquellos trabajadores en relación interpersonal directa y continuada con el cliente.

Existen estudios que señalan que el síndrome afecta en mayor medida a los denominados «workoholics» o adictos al trabajo, personas con un alto sentido de responsabilidad, perfeccionistas y que no delegan tareas ni trabajan en equipo, consagrando su vida casi en exclusiva al entorno laboral.

EL ESTRÉS CRÓNICO COMO ORIGEN
El origen del «Burnout» podría estar en la respuesta al estrés laboral crónico cuando las estrategias de afrontamiento son ineficaces, de forma que las demandas del trabajo, principalmente emocionales, superan la capacidad y tolerancia del trabajador.
El proceso de aparición y evolución del síndrome no es complejo: el profesional sufre elevados niveles de estrés como consecuencia de su trabajo, y si no es capaz de movilizar los recursos necesarios para reducirlo, éste se cronifica. De este modo, pierde habilidades y deseos para dar una respuesta emocional adecuada a situaciones conflictivas, comenzando a tratar a las personas con indiferencia y frialdad. El trabajador tiene que hacer frente a un problema tras otro, dando lugar a que los ciudadanos sean vistos como simples objetos en los que lo único que cambia es su identidad.

ALGUNAS MEDIDAS PARA PREVENIRLO
El síndrome de estar quemado en el trabajo puede prevenirse. Dado que su origen está en unas condiciones laborales estresantes, es por ahí por donde, precisamente, se debe comenzar, por mejorar la organización del trabajo y proveer al trabajador de las herramientas necesarias para que pueda realizar sus tareas de la forma más adecuada. Una carga de trabajo proporcionada a las capacidades de cada cual es, sin duda, una de las medidas «estrella» en tal sentido.

Mejorar nuestras habilidades, tanto las profesionales como las sociales, o reciclarnos periódicamente, son medidas que, a nivel individual, también contribuirán a la prevención del síndrome.

Desconectar del trabajo, poniendo límites y ajustando nuestras expectativas laborales, hacer ejercicio regularmente y pedir ayuda a otras personas o, incluso, a profesionales de la salud si es necesario, son también medidas que para no llegar a «quemarse en el trabajo».

Y tú, ¿crees estar quemándote? Toma medidas.


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